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jueves, 3 de mayo de 2012

Campeones: Pan y circo

Manifestantes hoy en Barcelona en contra de los
recortes en educación.
Mientras que en Barcelona se reúne el BCE y miles de manifestantes, en su mayoría estudiantes se manifiestan por una ciudad tomada por 8.000 policías, en Madrid se dedican a festejar otra vez un acontecimiento futbolístico.

Es la vieja fórmula que utilizaban los romanos de tener al pueblo distraido de la política mediante continuos entretenimientos. Lo que hoy en día se puede traducir a una política cerrada a la participación ciudadana y una extensísima lista de manifestaciones deportivas plagadas de éxitos, contiendas, rivalidades, declaraciones, estrategias, grandes eventos, noticias y un largo etcétera que mantienen a la ciudadanía ampliamente ocupada en seguir y estar al día de los numerosos eventos deportivos.

La cabalgata de los ganadores
Hoy en Madrid por ejemplo, como si de una carroza romana se tratara, el equipo ganador de turno, se pasea por la "avenida de la victoria" (metafóricamente hablando) rodeada del pueblo que les aclama como los vencedores, los grandes vencedores de la contienda. Mientras, en los medios de comunicación no hacen otra cosa que dedicar miles de horas de informativos, tiempo de reporteros, fotógrafos y analistas para diseccionar toda esta parafernalia deportiva, el gran éxito deportivo del momento, lo más grande a lo que puede aspirar el ciudadano medio.

No creo que lo hagan con la misma intención que lo hacían los romanos, pues la sociedad de hoy es muchísimo más compleja, pero me permito sospechar que políticamente es muy rentable tener a todo el pueblo hipnotizado con los grandes éxitos deportivos, a todas horas, en todos los medios, en todos los sitios y con diferentes tipos de contiendas: una vez es el fútbol, otras el tenis, otra los coches, que luego las motos, después el baloncesto, que si otra vez el fútbol... no hablamos de ver un partido de vez en cuando, hablamos de una droga que tengo que tomar cada día.

Se ha conseguido que la gente se involucre tanto en las contiendas deportivas que la mayoría lo vive tan intensamente que es como una religión, una especie de fanatismo radical sin el cual no se puede vivir, hay que estar todos los días hablando de lo mismo, comentando, leyendo, actualizando información. Démosles a los entrenadores un oráculo para que hablen y profeticen cómo deben de ser las cosas, permitamos que hablen y hables de estupideces y creamos que eso es lo más importante a lo que podemos aspirar.

Está claro que hay una inmensa marea de grandes éxitos deportivos que inundan los medios de comunicación y que curiosamente se da en muchos otros países dictatoriales como Corea del Norte o también en Cuba o en la antigua URSS, pero también en los países mal llamados "desarrollados". La fórmula viene de la antigua Roma, pero se mantiene hoy en día en casi todas las sociedades en donde se necesita distraer la atención.

¿Y si dedicáramos la mitad de las horas dedicadas al
fútbol a solucionar el cambio climático? Ay! perdón!
que es un problema que no existe...!!!
El problema es que hoy en día ni siquiera te dan el pan y se está quedando todo en circo y más circo, mientras que todo lo demás se vuelve igual a cero, te lo van quitando.

Mi reflexión es que la sociedad se ha vuelto enferma de verdad. Tan enferma que ni siquiera se da cuenta que todas estas adicciones nos alejan de construir un mundo mejor y nos van sumergiendo en la insensibilidad, en la idiotez y en la incultura del pueblo bárbaro que no piensa en otra cosa que en el éxito de la próxima estúpida contienda deportiva.

¿Somos campeones? ¿De qué?

Toda esa energía estupidamente focalizada en las constantes e interminables manifestaciones deportivas sería millones de veces más provechosa si se dedicara a trabajar en solucionar los problemas que tenemos de verdad, aunque sólo fueran dos: el hambre en el mundo y el equilibrio ecológico.

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