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martes, 29 de diciembre de 2009

Avatar: un paso más cerca del cine virtual

El cine es ante todo un arte. Un fascinante, complejo y polivalente arte que intenta contar historias por medio de imágenes, diálogos, música y sonidos y por encima de todo eso, la imaginación de los creadores que pasan las noches de invierno metidos en su habitación soñando despiertos con nuevos mundos.

Contar bien historias no es fácil. Ninguna máquina lo puede hacer todavía. Las historias se pueden racionalizar pero un exceso de explicación hace que pierdan gran parte de su atractivo. En este artículo voy a comentar algunas cosas de esta interesante película: Avatar.


Lo primero es decir que la película es todo un espectáculo que te transporta a un mundo nuevo y fascinante. Creo que la mayoría del público ha captado la esencia de este film: un proverbial trabajo de efectos especiales con una historia architrillada que, no obstante, termina por funcionar al servicio de un espectáculo más orientado a un público infantil y juvenil, pero que entretendrá igualmente a los más mayores. Yo lo pasé en grande y creo que la mayor parte del público gozará con la experiencia, eso sí, recomiendo que se vea en 3D.


Estando de acuerdo en que es una película formidable muy por encima de la media y con elementos de diseño increíbles, vamos a desentrañar los defectos del guión que es lo que nos interesa aquí.


La crítica más cabal es que el guión es un popurrí de historias ya contadas, escenas exitosas y efectos narrativos varios ya vistos. Dicho llanamente: la película no aporta nada nuevo en lo que a guión se refiere. Los personajes son planos y lineales. No hay grandes cambios ni transformaciones. No hay intriga. No aprendemos algo realmente importante. Esta película no es más grande que la propia vida. No es una obra maestra.


De esta forma, tenemos una historia que no sorprende, que no tiene giros argumentales, que no te llega a emocionar de verdad, que no te deja en estado de shock en ningún momento. Es más, la crítica más frecuente es que es un guión infantil, predecible, sin ningún dilema moral, con un ecologismo simplón, con un antagonista ridículo que además se parece mucho al marine de pequeños guerreros...

Pasa un poco lo que le ha ocurrido a Star Wars en sus últimas versiones, a excepción de que Star Wars se libra de caer en el agujero negro de las batidoras de historias, por el hecho de que su columna vertebral narrativa proviene del mito del héroe. 


El fallo principal del guión de Avatar es pues sencillo. No hay innovación. Una película como ésta, con tanto dinero y tecnología, tendría que haber innovado más en lo narrativo. Aunque creo que James Cameron ha innovado de una manera que él mismo no ha sido consciente. De momento vamos a analizar un poco más el guión tal cual.


Por ejemplo, se ha preferido un enfoque orquestal a intimista, se ha puesto el énfasis en la acción conjunta antes que en el protagonista que queda desdibujado, sin fuerza, a pesar de que hay elementos para haber podido hacer un gran protagonista con una gran historia y un gran personaje facilitador, la chica Na’vi, llamada Neytiri.


Jake Sully se quedó a medio camino de ser el nuevo Jake Sully. Nadie se acordará de su nombre. Una lástima. Creo que hasta el nombre se quedó flojo. Le hubiera hecho falta a Jake una auténtica transformación, una verdadera metamorfosis, que él mismo ni siquiera hubiera imaginado al llegar a Pandora. Creo que la película es tan fascinante al nivel visual que lo demás ha quedado un poco relegado a segundo plano. ¡Qué pena!


Jake Sully debería haber encontrado un nuevo ser en ese avatar, una nueva y poderosa entidad con un nuevo nombre perteneciente al léxico de los Na’vi. Pero no ha sido así. Nos hemos quedado en la pirotecnia instrumental, en el nivel uno. Pero se puede volar y muy alto, tanto como los dragones de Pandora.


La historia se podría haber centrado más en el protagonista, en Jake, en la oportunidad de tener una nueva vida con un nuevo cuerpo, algo fascinante, y en la posibilidad de convertirse en alguien muy superior a su personaje principal, capaz de liderar un pueblo e incluso de integrarse con una cosciencia planetaria. ¡Guau! ¡Casi nada!


El problema es que esa historia que está latente se queda mal desarrollada, no termina de surgir porque la película se centra en el conflicto architrillado de los buenos contra los malos, la guerra entre los humanos y los alienígenas, entre las máquinas y la naturaleza. Los buenos muy buenos y los malos muy malos. A veces parecía que estabas en el Amazonas y que las naves eran las excavadoras.


La historia daba para mucho más, pero se intentó contar demasiado en poco tiempo. El clásico error de principiante de condensar la trama. Creo que se debería haber contado en al menos tres películas o simplemente haber contado menos.


En la primera parte, Jake se integra en la tribu de los Na’vi y consigue dominar su nuevo cuerpo. En esta primera cinta se podría haber presentado la progresiva transformación de Jake a su nuevo rol como Na’vi. Lo que aquí se salda en un simple paseo por una plantación daba para muchísimo más. El conflicto externo se centraría lógicamente en cómo la tribu le rechaza y le termina por aceptar. ¿Bailando con lobos?


¡No! Un conflicto muy parecido a esa historia la encontramos en "El hombre de Marte" de Stanislaw Lem, escrita en 1946,  en donde el protagonista adopta un cuerpo que le permite vivir en la atmósfera de Marte, una especie de avatar que puede sobrevivir bajo las duras condiciones de Marte y que acabará cambiando al hombre que hay dentro.


La segunda película podría ir desde el momento en que es aceptado y se ha ganado la confianza de los Na’vi hasta su posterior traición. Jake tiene que engañarles para poder cumplir su objetivo como marine porque sigue siendo un marine a pesar de todo. Aquí hay un conflicto social muy parecido a la historia que ya hemos visto en bailando con lobos. Hay un problema de identidad, pero es un conflicto no tanto personal sino social. ¿De qué lado está Jake ahora? 


Además hay un problema adicional que Jake no siempre puede ser el avatar, sólo lo es durante el día y por la noche se ve obligado a regresar a su antiguo cuerpo mutilado de marine lo que le provocará un mayor conflicto si cabe y muchas frustraciones. ¡Guau la cosa se pone interesante! ¿No os recuerda al Doctor Jekill y Mister Hyde? ¡Vaya! ¡Esto da mucho de sí... ¿Y si Jake empezara a ser diferente según qué cuerpo tuviera? Al fin y al cabo sería lógico que tuviera una gran crisis...


Bueno, avancemos un poco más... La tercera película podría haberse centrado en la relación con Neytiri, la sorprendente guerrera Na'vi, y en su nuevo rol como líder de los Na’vi, hasta que decide abandonar su faceta de humano para siempre y convertirse en un Dios de la jungla o del propio planeta. Ahí tenemos una decisión importante y sabemos que el buen cine se nutre de grandes decisiones, decisiones que hagan que el protagonista se juegue el todo por el todo. Esta idea se puede explotar aún más si hacemos que Jake al abandonar su existencia humana da la espalda definitivamente a su vida anterior y se adentra en el abismo. Porque no es lo mismo ser un avatar y saber que hay vuelta atrás que no saber lo que va a ser de uno. 


¡Pero no se lo vamos a poner fácil! Todo héroe que se precie debe pasar por los mismísimos infiernos antes de alcanzar la Gloria, así vamos a buscarle no sólo el antagonista marine si no otro mucho más duro aún, el guerrero Na'vi, que además quiere a Neytiri para sí mismo. Un auténtico y cruel guerrero que nos haga estremecer de miedo. ¿Y si lo convertimos en un superhombre? Alguien tan poderoso que ninguno de la tribu pueda con él y mucho menos Jake, una especie de DIOS. ¡Vaya! ¡Esto se va poniendo muy interesante! 


Además, está el tema de la consciencia del propio planeta, Pandora. Esta idea ya fue desarrollada por Isaac Asimov en su obra “Los límites de la fundación” de 1982, en donde se habla de la hipótesis de Gaia y en la conexión que se puede establecer entre un planeta y un humano. Yo mismo escribí un libro sobre ese tema titulado “El proyecto Gaia”.


Bueno... una trilogía perfecta, pero probablemente muy complicada, demasiado compleja para el espectador que se ha acostumbrado a ¿lo fácil?


¿O tal vez no? ¿Tal vez el público es muchísimo más inteligente de lo que imaginamos y está esperando que le dejen pensar, imaginar, liberar su inteligencia de una vez por todas? ¿Es posible?


¡Estoy convencido que sí! Y creo que James Cameron ha puesto su granito de arena en el siguiente paso importante en la evolución del cine.


En realidad el espectador de hoy quiere más, no se conforma ya con mirar, quiere participar en la película, queremos participar, es que ya lo hemos visto TODO y... ¡nos empezamos a aburrir!. ¿Y de qué manera vamos a conseguir eso? Pues habrá que inventarlo...


¿Qué tal la idea de diseñar un avatar para que uno pueda vivir la película en primera persona?


Hay algo etéreo en la narración de una buena historia que nadie sabe lo que es, pero que a todos nos fascina hasta el punto de querer vivir esa historia lo más cerca posible con nuestro propio avatar.


®Simón Hergueta 2009

viernes, 11 de diciembre de 2009

Cuando un cortometraje crea adicción


Una bonita historia sobre un personaje que lucha por romper con su pasado y ser capaz de iniciar una nueva vida.

Pero la historia transcurre por unos cauces muy poco convencionales ya que todo se centra en la arbitrareidad de unos zapatos que se niegan a abandonar a su único dueño y a la postre esclavo de tales circunstancias.

Mediante esta metáfora, el espectador puede sacar las conclusiones que más le apetezcan ya que el cortometraje se presta a jugar a muy diferentes niveles: cómico, dramático, a veces un poco a lo Chaplin.

Este es para mí unos de los trabajos que más me gustan. El actor Roberto Cuenca hace un papel maravilloso, creo que no podría haber encontrado un actor mejor para este papel. Las caras, los gestos, la forma de moverse y de andar son exactamente lo que se esperaba.

El final tiene reminiscencias al estilo Frank Capra, como ocurría en la película "Qué bello es vivir". Es un final feliz y triste a la vez, una mezcla de sentimientos contradictorios, como si la tristeza nunca fuera capaz de abandonarnos del todo a pesar de haber superado las vicisitudes negativas, pero es que los problemas del protagonista son tan ilusorios como lo son esos zapatos que parecen tener vida propia.




Se da la circunstancia de que la voz de la chica es la voz de Kate de perdidos.