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viernes, 11 de diciembre de 2009

Cuando un cortometraje crea adicción


Una bonita historia sobre un personaje que lucha por romper con su pasado y ser capaz de iniciar una nueva vida.

Pero la historia transcurre por unos cauces muy poco convencionales ya que todo se centra en la arbitrareidad de unos zapatos que se niegan a abandonar a su único dueño y a la postre esclavo de tales circunstancias.

Mediante esta metáfora, el espectador puede sacar las conclusiones que más le apetezcan ya que el cortometraje se presta a jugar a muy diferentes niveles: cómico, dramático, a veces un poco a lo Chaplin.

Este es para mí unos de los trabajos que más me gustan. El actor Roberto Cuenca hace un papel maravilloso, creo que no podría haber encontrado un actor mejor para este papel. Las caras, los gestos, la forma de moverse y de andar son exactamente lo que se esperaba.

El final tiene reminiscencias al estilo Frank Capra, como ocurría en la película "Qué bello es vivir". Es un final feliz y triste a la vez, una mezcla de sentimientos contradictorios, como si la tristeza nunca fuera capaz de abandonarnos del todo a pesar de haber superado las vicisitudes negativas, pero es que los problemas del protagonista son tan ilusorios como lo son esos zapatos que parecen tener vida propia.




Se da la circunstancia de que la voz de la chica es la voz de Kate de perdidos.

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