Sanidad pública y gestión eficiente: la posición que nadie quiere defender
Defender la sanidad pública debería ser uno de los consensos básicos de una sociedad moderna. No por ideología, sino por calidad de vida, dignidad y seguridad vital. Cuando una persona enferma gravemente —un cáncer, una enfermedad crónica, un accidente—, la existencia de un sistema público marca la diferencia entre vivir, arruinarse o directamente morir. Esto no es una opinión: es un hecho comprobable en cualquier país sin cobertura sanitaria universal.
Sin embargo, defender la sanidad pública no debería implicar renunciar a exigir que funcione bien. Y aquí aparece una paradoja inquietante del panorama político español actual: no hay ningún gran partido que defienda de forma clara y coherente ambas cosas a la vez.
Un falso dilema instalado en el debate político
El debate público parece atrapado en una dicotomía simplista:
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O se defiende la sanidad pública desde una lógica casi intocable, donde criticar su funcionamiento se interpreta como una amenaza ideológica.
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O se habla de eficiencia, pero asociándola casi siempre a externalizaciones, privatización parcial o lógica de mercado, debilitando el carácter público del sistema.
Este falso dilema empobrece el debate y bloquea reformas necesarias. La eficiencia no es una ideología. Es una responsabilidad cuando se gestionan recursos públicos y, sobre todo, vidas humanas.
Qué defienden (y qué no) los grandes partidos
Si se analiza el posicionamiento real —más allá de los discursos— de los principales partidos, el hueco es evidente:
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PSOE
Defiende la sanidad pública como pilar del Estado del bienestar, pero evita con frecuencia abordar reformas profundas de gestión. La eficiencia se menciona, pero rara vez se traduce en cambios estructurales: incentivos, evaluación de resultados, reorganización real de recursos o apuesta decidida por la medicina preventiva. -
Podemos y Sumar
Mantienen una defensa ideológica fuerte de lo público, pero suelen desconfiar de cualquier lenguaje relacionado con eficiencia, métricas o incentivos, por miedo a que se confunda con privatización. El resultado es una defensa moral del sistema, pero débil en términos de gestión. -
PP
Habla de eficiencia y gestión, pero a menudo la vincula a modelos de colaboración público-privada que generan desconfianza y diluyen la idea de lo público como pilar irrenunciable. La eficiencia aparece más asociada al coste que a la calidad asistencial o la prevención. -
Vox
Acepta la existencia de una sanidad pública básica, pero no la concibe como un derecho universal fuerte. Su énfasis en el control del gasto y la priorización de acceso reduce el alcance del sistema como red de seguridad común.
La posición huérfana: pública y exigente
Entre estos enfoques hay una posición razonable, mayoritaria en la sociedad y especialmente entre muchos profesionales sanitarios, que hoy no tiene representación política clara:
Defender una sanidad pública fuerte, universal y accesible
y exigir una gestión profesional, eficiente y centrada en la prevención.
Esta posición parte de una idea simple: precisamente porque la sanidad es pública, debe gestionarse con el máximo rigor. Cada euro mal utilizado no es un error contable; es una prueba que no se hace, una lista de espera que se alarga o un profesional que se quema.
La medicina preventiva, la atención primaria bien financiada, la evaluación real de resultados, la reducción de burocracia y el respeto al criterio clínico no son “ideas neoliberales”. Son condiciones básicas para que lo público funcione y sea sostenible.
Un debate que incomoda
Esta tercera posición incomoda porque obliga a todos a renunciar a algo:
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a la izquierda, a aceptar autocrítica y reformas reales;
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a la derecha, a aceptar límites claros al mercado;
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al sistema político en general, a dejar de usar la sanidad como arma ideológica.
Por eso apenas se escucha. No da titulares fáciles ni permite señalar enemigos simples.
Conclusión
Defender la sanidad pública no es incompatible con exigir eficiencia. Al contrario: es la única forma honesta de defenderla a largo plazo.
Que hoy ningún gran partido asuma esta síntesis no significa que sea una posición marginal. Significa que el debate político va por detrás de la realidad social.
Y quizá ahí esté una de las claves del desapego ciudadano: no falta preocupación por la sanidad, falta una voz política que la defienda sin dogmas y con responsabilidad.